UNA VIDA DEDICADA A LA INVESTIGACIÓN

 

 

 

El doctor Jesús Flórez, que une a sus méritos de científico e investigador el de ser un gran estudiosos de las personas con síndrome de Down, explica en esta entrevista las consecuencias de los últimos avances científicos en el desciframiento del cromosoma 21 y las conclusiones a las que se está llegando en la investigación con ratones trisómicos.

 

 

 

Seis años lleva el profesor Jesús Flórez al frente de un equipo que realiza investigaciones con dos tipos de ratones: unos que presentan una trisomía parcial en su cromosoma 16 (en el que hay bastantes genes similares a los del cromosoma 21) y otros transgénicos en los que se han introducido varias copias de uno solo de los genes propios del cromosoma 21. El objetivo final de esta investigación –según él mismo nos explica- es conocer mejor la naturaleza de la disfunción ocasionada por el exceso de actividad de los genes y tratar de influir terapéuticamente sobre ella.

 

 

MADRIGAL.-¿Cuáles son las conclusiones más importantes que han obtenido hasta el momento en las investigación con ratones?

Los resultados han sido numerosos, pero, para mí, los más importantes conseguidos hasta ahora han sido dos:

- El primero, haberse demostrado por primera vez que, pese al trastorno congnitivo que el ratón presenta como consecuencia de su alteración cromosómica, su cerebro sigue manteniendo la suficiente plasticidad como para responder beneficiosamente a intervenciones enriquecedoras del ambiente; esto supone el definitivo respaldo a toda la acción educativa que se viene realizando en las personas con síndrome de Down.

Y si esto es así, cabe pensar que podrá también responder a otro tipo de intervenciones terapéuticas, incluidas las farmacológicas, y en esa línea estamos.

-  El segundo, encontrar en estos ratones unas alteraciones neuroquímicas en su cerebro que desconocíamos que existían en las personas con síndrome de Down. Puestos sobre la pista, hemos comprobado que, efectivamente, también existen en estas personas.

Cuanto mejor conozcamos los problemas, mayores posibilidades tendremos de imaginar remedios.


MADRIGAL.-¿Qué implicaciones puede tener para las personas con síndrome de Down el desciframiento del cromosoma 21 por parte de un grupo  de científicos, anunciado en junio de 2000?

La secuenciación del cromosoma 21 significa que conocemos mejor el alfabeto de su código. Ello nos aproxima al día en que conoceremos todos sus genes y, sobre todo, por qué la excesiva actividad de ciertos genes de ese cromosoma (ya que hay tres copias en lugar de dos) origina determinadas desviaciones en el desarrollo y funcionamiento de las personas con síndrome de Down. Las consecuencias prácticas de todo ello aún tardarán algunos años en verse.

MADRIGAL.-¿En qué plazo de tiempo podría haber soluciones terapéuticas para las personas que tienen esta alteración cromosómica?

Existen ya soluciones terapéuticas. ¿O es que no hemos mejorado sustancialmente en los últimos veinte años las posibilidades de vida (incluida una vida con calidad), de actividad cognitiva, laboral y social de estas personas? Las soluciones en forma de terapia génica, de manipulación cromosómica, son por ahora inalcanzables.

Sabemos qué tendríamos que hacer, teóricamente hablando, pero su puesta en práctica presenta actualmente barreras técnicas inabordables.

MADRIGAL.- ¿Podría decirnos, con la información existente hoy, si estas soluciones terapéuticas estarían dirigidas a impedir el desarrollo de enfermedades asociadas a este síndrome y/o también a paliar el retraso mental?

Efectivamente, así es; veo más asequible y cercana la posibilidad de paliar, por ejemplo, por métodos farmacológicos, algunas consecuencias de la trisomía 21, como puede ser la evolución hacia un envejecimiento precoz. Ahí sí que preveo que en pocos años se encontrarán soluciones.

Todas aquellas alteraciones que dependan de la disfunción de un único gen o de una única ruta metabólica son más accesibles a que encuentren la solución terapéutica. En cuanto al retraso mental, las alteraciones cerebrales son, con toda seguridad, fruto de la disfunción de varios genes; por consiguiente, tiene una solución biomédica mucho más difícil, al menos a corto plazo. Su solución actual sigue siendo la educativa.

MADRIGAL.- ¿Nos podría decir, con su conocimiento sobre las personas con síndrome de Down, qué puede conseguir un joven medio que padece trisomía 21 y que ha realizado estimulación temprana en su primera infancia, ha asistido a escuelas infantiles y al colegio y ha participado en programas educativo de apoyo en aquellas áreas que sus educadores han considerado oportunas?

Este joven que usted describe es ya una gozosa realidad, cada vez más extendida. Porque a mí no me preocupa esa persona con síndrome de Down que nace con un “alto nivel”; lo que me preocupa es cómo conseguir que la inmensa mayoría de las personas con síndrome de Down de tipo medio, como usted dice, alcancen un nivel satisfactorio.

Ese joven que usted describe es ya capaz de tener una buena percepción del medio y capacidad para interactuar con él, expresarse verbalmente con comprensión cada vez más aceptable, tener autonomía personal en su aseo, en su vida familiar y social, leer y escribir correctamente, utilizar el ordenador para tareas sencillas, expresarse correctamente en su afectividad, ser capaz de planificar y prever, integrarse en el mundo laboral, desarrollar sus aficiones favoritas, interiorizar y tener conciencia de los valores.

Lógicamente, todo esto se desarrolla en diversos grados que dependerán, por una parte, de su propia dotación genética y, por otra, de la educación y oportunidades que se le hayan suministrado.

MADRIGAL.- ¿Qué recomendaciones daría usted a los padres de hijos con síndrome de Down que desean cumplir lo mejor posible su misión de “educar” y preparar a sus hijos para la vida adulta?

Ante todo, que crean en las posibilidades de su hijo. Después, que vivan el principio de “conocer más para servir mejor”. Eso significa estar prestos para escuchar, leer y estudiar; contactar y relacionarse con profesionales experimentados; tener constancia, coherencia, paciencia; aplicar el sentido común para encontrar las soluciones que mejor se adapten en la práctica a sus propios valores y los de la familia en su conjunto.

En definitiva, saber diseñar un proyecto de vida para su hijo, y después aplicar los métodos y estrategias necesarios para seguirlo, adaptándose a las circunstancias de la persona.

MADRIGAL.- ¿Cómo consolaría usted a aquellos padres de recién nacidos con síndrome de Down que se encuentran preocupados y tristes por la alteración cromosómica de su hijo?

Me toca usted una de mis fibras más sensibles. Eso es tan personal... Es tal el montaje y fábulas que la sociedad ha elaborado sobre las personas con síndrome de Down que es imposible, cuando nace un niño con esa condición, que sus padres se sustraigan de esa entelequia falsa.

De hecho, el mensaje más perverso que la sociedad está emitiendo en los inicios del siglo XXI es: “Estas personas son maravillosas, pero mire usted, procure diagnosticarlas antes de que nazcan porque le ofrecemos la posibilidad de eliminarlas”. Así de simple y así de reaccionario y contradictorio.

Resulta muy difícil, por tanto, que en esos momentos los  padres comprendan que la realidad es muy distinta de la que se les ha contado. Por eso, lo más importante en esa circunstancia realmente angustiosa es estar junto a ellos de manera abierta pero respetuosa.

Saber transmitirles el mensaje: “He sufrido como tú, pero aquí estoy, incondicionalmente. Tras la niebla sigue existiendo el sol, y pronto apreciarás su luz. Te ofrezco mi experiencia y dispones de mí en todo momento porque, a partir de ahora, ya no estás solo”.

Lo normal es que pronto se empiece a reaccionar y a buscar soluciones. Por eso hay que estar ahí, para proporcionárselas sin imponerlas, con sentido alegre, positivo, para que los padres empiecen pronto a disfrutar de su hijo, porque ésa es la mejor terapia.

MADRIGAL.-¿Qué factores deben tener en cuenta los padres a la hora de decidir cuál es el modelo educativo –integración o educación especial- que más conviene a su hijo?

Soy un defensor convencido de la educación integrada en colegios ordinarios para los alumnos con síndrome de Down, siempre que  en ella predomine el principio de la flexibilidad, porque es en el ambiente natural de la sociedad en donde mejor se relacionan y aprenden.

Lo que pasa es que, dentro del colegio, debe haber necesariamente personal, espacios y tiempo para una educación adaptada a las necesidades de estos alumnos. En función del proyecto de vida, la familia y los profesionales de la educación elaboran el programa educativo y las adaptaciones pertinentes de acuerdo con la evolución conductual y cognitiva del alumno.

Esto no es posible si la comunidad educativa no es receptiva y los profesores se resisten a asumir con plenitud el principio de la integración a la que los alumnos tienen derecho porque la ley les asiste.

Donde ello no se asegure, habrá que recurrir a centros especiales, pero también a ellos hay que exigir que se exijan a sí mismos, quiero decir, que sean conscientes de que tienen que actualizarse, no contentarse con mínimos ni seguir aplicando recetas viejas y comunes para individuos que son muy distintos unos de otros.

 La experiencia es muy sabia: si no se exige no se avanza. Si nuestras expectativas son bajas, los resultados también lo serán.

MADRIGAL.-¿Usted dijo recientemente en una conferencia que hay que luchar para conseguir que el Estado ofrezca a los jóvenes con síndrome de Down la posibilidad de continuar sus estudios y preparación al terminar el colegio, al igual que el resto de las personas tienen opción a una Universidad gratuita. ¿Puede ampliar esta idea y decirnos qué tipo de formación considera usted más idónea al finalizar la escolaridad?

La idea es bien sencilla. Entre pitos y flautas, un joven español tiene asegurada su formación académica y profesional hasta los veinticuatro años como media, edad a la que se introduce en el mundo laboral.

La enseñanza universitaria está generalizada, a un coste que resulta irrisorio para el usuario si se tiene en cuenta lo que realmente cuesta, por lo que considero que es prácticamente gratuita. Y si la familia no dispone de medios, existe un ingente número de becas proporcionadas por organismos públicos y privados.

Lo que pido es esa misma oportunidad para todos los escolares con discapacidad intelectual (en ellos se incluyen los que tienen síndrome de Down): que tengan asegurados sus programas de formación también hasta esa edad, con becas para quienes lo necesiten.

La razón es obvia: estos jóvenes también tienen derecho a continuar su formación para ingresar en el mundo laboral, en la modalidad que mejor se ajuste a sus circunstancias. Pero precisamente su limitación intelectual les obliga a tener que estar más tiempo, no menos, en período de formación.

Es, por tanto, una injusticia concluir su formación a los dieciocho años cuando:

a) los demás jóvenes españoles se siguen formando hasta los veintitrés o veinticuatro años.

b) requieren más tiempo que los demás para madurar, aprender y sentirse preparados para ir al mundo del trabajo.

¿Qué tipo de formación recibirán en ese período ¿ La que les permita ingresar decididamente en el mundo laboral. Programas como los de Garantía Social son muy pertinentes, pero necesitan ser ampliados y mejorados en contenidos, en duración y en extensión para cubrir a todas las personas y hasta las edades necesarias.

MADRIGAL.-¿Cómo definiría usted la actitud de la sociedad con las personas que tienen síndrome de Down?

Bastante más positiva que hace unos años, a pesar de que siguen ignorando realidades. De ahí que siga emitiendo mensajes ambiguos. La sociedad sigue marcando principios de segregación y discriminación; lo que solivianta es que aparezcan además envueltos con declaraciones de solidaridad y compasión.

Pero mi visión en conjunto es positiva porque soy testigo de innumerables muestras de aceptación, comprensión y ganas de ayudar por parte de un creciente número de personas de toda clase social y credo político; esta mayor aceptación es fruto, en buena parte, del trato y de la convivencia cotidiana con las personas con síndrome de Down.

Me enorgullece afirmar que el grado de aceptación real y de apoyo en España supera al de bastantes otros países, incluidos los de nuestro entorno cultural, y que la calidad y resultados de muchos de nuestros programas están a la cabeza de lo que podemos apreciar en la Unión Europea. No es triunfalismo, porque soy muy consciente de nuestras abundantes carencias.

MADRIGAL.-¿Piensa que habría que trabajar por conseguir una mayor aceptación social de las personas con retraso mental?¿Cómo se podría conseguir?

Hemos de admitir que todavía hay muchos alumnos con discapacidad intelectual mal escolarizados que todavía los métodos para avanzar y progresar no están suficientemente conocidos y extendidos; que todavía hay muchas familias españolas insuficientemente informadas; que todavía hay escasas oportunidades laborales...¿Cómo conseguirlo?

Quienes trabajamos en este campo tenemos que seguir haciéndolo cada vez mejor, exponiendo en los medios de comunicación la razón que nos asiste y lo que las personas con discapacidad son capaces de conseguir cuando lo hacemos bien, ampliando los ámbitos de integración real, exigiendo el cumplimiento de las leyes, colaborando en iniciativas con impacto real, ayudando a formar opinión.

Creo firmemente en la lluvia fina, pertinaz y constante. Desconfío de actitudes radicales y permanentemente reivindicativas, que parece que sólo confían en que se les dé todo hecho.

MADRIGAL.-¿Cómo ve usted el futro de las personas con síndrome de Down?

Enormemente esperanzador, a juzgar por los resultados que constatamos cuando las cosas se hacen bien, y a juzgar por cómo avanzan los pequeñines que vienen por detrás de nosotros.

El trabajo de las familias y de los buenos profesionales está siendo impresionante. La calidad de vida de las personas con síndrome de Down está mejorando sustancialmente, a pesar de que –todo hay que decirlo- están siendo también más conscientes de sus limitaciones.

Pero si sabemos formarles para que aprendan a aceptar y convivir con sus limitaciones, como nos toca a todos, y hacemos que se sientan aceptadas, que tengan oportunidades de realizarse en su vida laboral y afectiva, ¿qué más podemos pedir? Estoy convencido de que tienen capacidad para disfrutar una vida muy feliz, llena de valores auténticos.

Pero debo añadir un aspecto de enorme importancia: son cada vez más numerosos los testimonios que afirman el impacto positivo que las personas con síndrome de Down están ejerciendo sobre la sociedad.

Mejoran no pocos aspectos de la vida de sus familias, promoviendo valores de gran trascendencia y repercusión social. Y, al ampliarse el círculo de sus relaciones, está influencia positiva alcanza a las personas que se encuentran próximas a ellas por razones de vecindad, de actividades laborales y sociales.