
La Asociación Síndrome de Down de Granada trabaja desde hace más de tres lustros para vencer las barreras que impiden alcanzar una vida normal a las personas que sufren esta alteración.
E. FUENTES. No hay razón para que la vida de los 270 granadinos que han nacido con un cromosoma de más en sus células sea un camino de obstáculos. Como miles de personas de su edad, Jesús Aragón atiende a las responsabilidades propias del trabajo, disfruta del poco tiempo libre que le dejan las ocupaciones profesionales y tiene las mismas metas, ilusiones y anhelos que cualquier otro ciudadano, que los amigos con los que sale.
Como él, casi una treintena de jóvenes con esta alteración genética han logrado superar la barrera invisible que les imponen sus limitaciones físicas para alcanzar una existencia autónoma e independiente que, en gran parte, les viene dada con la consecución de un empleo. En la Asociación Síndrome de Down de Granada han pasado los últimos tres lustros trabajando por la superación de estos obstáculos, facilitando la inserción laboral de ciudadanos a los que apoyan en su desarrollo personal y profesional y con los que caminan desde el mismo momento del nacimiento.
“La mayoría de los empresarios que han decidido contar con ellos se muestran satisfechos. Dicen que han enriquecido el clima laboral, porque son gente voluntariosa, muy entregada y que aportan valores positivos al conjunto de la plantilla.
Destacan que se centran bastante bien en sus tareas y que se distraen menos”, explica María Matilla Nieto, gerente de esta asociación sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública. Con sedes en la capital y el municipio costero de Salobreña, los casi tres centenares de padres que la integran son también sus máximos responsables y, en última instancia, co-gestores, a través de los órganos de gobierno por los que se rige.
“Nuestros esfuerzos van dirigidos a intentar que lleven una vida normalizada, pero dadas sus características, debemos proporcionarles los apoyos necesarios desde el campo físico, motriz, educativo y pedagógico. Una vez que termina su etapa formativa, les tratamos de dotar de las habilidades y conocimientos para que puedan integrarse en el mercado laboral en condiciones óptimas”, añadía María momentos antes de la presentación del calendario de la organización, una iniciativa que este año alcanza su tercera edición y que se ha consolidado como una de las principales actuaciones de cara a la obtención de recursos financieros para lograr sus metas.
El proyecto de viviendas compartidas es el último reto que se han marcado. El principal objetivo pasa por la preparación de los chavales para que puedan llevar una vida autónoma, compartiendo pisos con otras personas de su edad. Para lograrlo, necesitan disponer de los recursos económicos necesarios para acceder a un inmueble en el que iniciar las actividades específicas. La idea depende, en gran medida, del resultado de la campaña que se iniciará esta misma semana y en la que han puesto todas sus miras.