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La inteligencia y la ironía de Pablo Pineda visitaron Granada para estrenar en Cinema 2000 la película que le ha valido una Concha de Plata en San Sebastián.
A Pablo Pineda vengo siguiéndole de lejos desde hace años. Supongo que me pasó lo mismo que a todo el que ha tenido la fortuna de escuchar a este figura alguna vez: que me enganchó para los restos. Exactamente lo mismo que les ocurrió a Álvaro Pastor y a Antonio Naharro cuando hace cinco años se fueron a Málaga a entrevistarse por primera vez con el que irremediablemente sería el protagonista indiscutible de su historia llevada al cine bajo el título de ‘Yo, también’. No podía ser otro. Ayer, al tiempo que en otros noventa y nueve cines de toda España, se estrenó en Granada esta formidable película en la que poca gente creía cuando sus directores comenzaron a vender la idea. El síndrome de Down suena a drama. Nada más lejos de la realidad. Tanto como su propio protagonista. Me gustó conocerle anoche, en el Ayuntamiento de Granada, minutos antes de que le recibieran como a una auténtica estrella en las salas del Centro Comercial Neptuno, donde tendría lugar la proyección. Del Ayuntamiento se fue con el flamante título de Embajador de Granada que el alcalde Pepe Torres Hurtado le entregó. Pablo Pineda volvió a demostrar por qué es el primer síndrome de Down europeo que logra una licenciatura universitaria y por qué con su primera película ha conseguido una Concha de Plata. Es ingenioso, divertido y dueño de un enorme sentido del humor. A su lado estaba su madre en la película, nada menos que Isabel García Lorca, veintisiete años sin hacer cine y feliz por haber vivido “esta experiencia mágica” junto a todo el equipo. Por supuesto que en esta historia de sensibilidades algo tiene que ver que la hermana de uno de los directores, Antonio Naharro, naciera bajo el mismo signo que Pablo. Lo mismo que la hija de uno de los productores, Julio Médem. Pero lo cierto es que entre todos, sin olvidar a Lola Dueñas, que nos faltó anoche en el estreno de Granada porque hay que repartirse y ella estaba en Madrid, han rubricado una historia que nada tiene que ver con la tragedia, sencillamente, porque ellos no la ven. “¿Una tragedia?” –se sorprendía Álvaro Pastor–. “Para nada, más bien es una bendición”. Y el alcalde, que se apuntó al cine como el primero, se sumaba a esta visión normalizada recordando que en el Ayuntamiento granadino hay veintisiete funcionarios Down y que tan rícamente. Y si me apuras, como que destacan en diligencia y dedicación. La peli, que es de lo que se trata, hay que verla. Directamente al destierro prejuicios como alguno que otro que escuché anoche a priori, del tipo de “estos temas me dan grima por lo sensibleros”. La historia de Daniel y Laura es divertida y real. Es casi paralela a la propia vida de Pablo, un chico inteligente con síndrome de Dowm que termina su carrera, que se pone a trabajar y que se enamora de Laura, su amiga y compañera de trabajo. No encontrarán dramas ni tópicos. Sólo una divertida y hermosa historia de amor que, como rebelaban al unísono ayer, el productor Koldo Zuaza y Pablo Pineda: “¡Si ni siquiera acaba en boda!”.
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