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Un joven motrileño con Síndrome de Down arranca su vida laboral con un contrato de reponedor en el Alcampo PDF Imprimir E-mail
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En medio de un mar de malas noticias para miles de trabajadores en los últimos meses, emerge como una isla de esperanza la historia personal de Álvaro Molina Hódar, un joven motrileño con Síndrome de Down que con solo veinte años ejemplifica mejor que nadie la palabra 'integración', una palabra que sólo sería eso sino fuera por la entereza, la lucha y la superación personal que ha marcado la vida de este chaval desde que nació y que le ha dado un precioso regalo: El sentirse orgulloso de sí mismo. Y no digamos quienes le rodean.

Su padre, Francisco Molina, acude cada mediodía a recoger a su hijo al centro comercial Alcampo de Motril. Ambos se sonríen con un sentimiento mutuo de cariño mezclado con satisfacción. «El niño solo habla maravillas de su trabajo, nunca pude imaginarme que esto le hiciera tan feliz», explica un padre que junto a Conchi Hódar, la madre de Álvaro, jamás se han escudado en el desánimo ni en la desatención para brindarle a su hijo la posibilidad de un horizonte, de un futuro con todas sus posibilidades.«Hemos luchado por él desde que nació -relata Francisco- y yo les pido a tantos padres como hay tremendamente desorientados, que den el paso». Ese paso incluye el tocar a la puerta de una asociación que, de primeras, ayuda a los padres a abrir los ojos, a confiar en sí mismos, en los chavales y en un futuro que existe siempre que se trabaje por él.

En este caso ha sido Granadown, organización que está haciendo un trabajo increíble por la inserción laboral de los jóvenes con este síndrome en centros de trabajo ordinarios, como un empleado más y para ello utiliza la metodología del Empleo con Apoyo.

«En la actualidad más de veinte jóvenes de Granadown han accedido a un puesto de trabajo normalizado y por primera vez uno de nuestros chicos de la extensión de la costa ha comenzado, con apenas 20 años su trayectoria laboral gracias a Alcampo Motril», explica María Matilla Nieto, gerente de Granadown. Y es cierto que, con la integración laboral de Álvaro, se ha obrado otro nuevo milagro en la vida de este chaval que rezuma optimismo, pasión y una alegría desbordante que se contagia a sus compañeros de trabajo, como Peña o Moya, de los que él habla con orgullo.

Ahora, con su alta y contrato tras las prácticas oportunas llega, en estos días, el gran momento. «¡A fichar!» anuncia Álvaro mientras termina de colocar unas cestas con tanta diligencia y rapidez que al fotógrafo le cuesta conseguir la imagen.

Les ha cautivado

«Desde luego la experiencia está siendo formidable, pero es que este joven nos ha cautivado a todos por su forma de ser», comenta Jacinta Ibáñez, jefa de sección de cajas del centro comercial motrileño y una de las personas que ha acertado en la mejor definición posible de la situación de Álvaro: «Se siente muy responsable de lo que hace y se encuentra muy a gusto en el centro de trabajo».

Algo que es palpable y que no pasa desapercibido al público que ya comienza a familiarizarse con el joven. «Al principio -relata Jacinta- puede que le costase un poco dirigirse a los clientes, pero ni más ni menos que como a cualquier otro trabajador en sus comienzos, ahora todo es muy fácil».

Álvaro cuenta, además, con el apoyo de los monitores, con el respeto y afecto de sus compañeros y -lo que es muy importante- con el de los clientes que acuden a la conocida gran superficie y que no ocultan su agrado ante un paso como este dentro de la política de integración laboral de las empresas de la zona. Es más, según Jacinta Ibáñez, se ha propuesto a la asociación que esta iniciativa tenga continuidad, habida cuenta de que se tendrá cubrirá otro turno más.

Superación

«Yo lo único que quiero repetir es que me parece increíble el cambio tan grande que ha dado mi hijo desde que comenzó a trabajar», explica el padre de Álvaro. Cuenta que el joven no para en todo el día de relatarle sus experiencias y que se dirige a su madre con una sonrisa de oreja a oreja para decirle «¡mamá, voy a comer que me tengo que ir al trabajo!».

Atrás quedan años de continua subida por las escaleras de la vida. Le han ayudado una familia entregada; padres y dos hermanos que adoran a Álvaro de una manera que conmueve. A muchos padres les sonará la aseveración de Francisco «Al principio se te viene el mundo encima, pero mi hijo nos ha hecho tremendamente felices».

De hecho, su hijo es un joven de una constitución física extraordinaria, pues es un deportista nato y un chaval dispuesto a participar en cuantas acciones se le pongan por delante y siempre arropado por su familia; esto implica fiestas, movidas y carnavales consiguiendo un premio detrás de otro: «¿Yo?... De chino», decía Álvaro riéndose al recordar su último y más conseguido disfraz.

Ahora se hará cargo, en jornada matinal, de la colocación de los productos frescos que dejan algunos clientes en caja, reponer bolsas, rollos de impresora, recolocar las cestas. Todo ello sin perder de vista, en su interior, que la vida da pequeñas recompensas cuando uno se empeña en superarse a si mismo.

FUENTE

FERMÍN ANGUITA
 

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